A distancia de casi un año es increíble que me
produzca la misma sensación, como un encuentro conmigo misma, con mi yo pasado,
presente y mi yo
futuro. Como una especie de vaivén, una explosión de emociones, un paseo por mis
valores y mi conciencia social, y, entonces, todo vuelve a cobrar sentido. Las
angustias se disipan sin dejar rastro de las tragedias y sin entender de
distancias, sin dejar rastro de malos rollos, incertidumbres o fugacidades. Como
una especie de evasión. Lejos quedan las historietas con los periodistas, los
últimos cambios, las dificultades, las zancadillas tan íntimas que me impiden
ser feliz.
Los ojos encharcados, el puño casi en alto, las ganas de hacer
algo porque, de verdad, otro mundo es posible. El oxímoron.Vuelvo a
saber quién soy, de dónde vengo y dónde quiero llegar.
Nota
mental: que no se me olvide. El vértigo ha pasado y en mi ventana luce el sol
cada mañana.